En San Pelayo, cuna del porro, se vivió una noche que reafirma por qué este ritmo sigue latiendo con fuerza en el Caribe colombiano. En medio de sonidos de bandas de viento, miradas cómplices y un público que no solo escucha sino que siente, Porro al Parque se convirtió en un espacio donde la tradición dejó de ser recuerdo para convertirse en presente.
Celebramos lo ocurrido en este encuentro, donde cada nota parecía contar una historia. Historias de pueblo, de resistencia cultural, de generaciones que han hecho del porro —ese patrimonio vivo del Caribe— una forma de identidad.






El grupo Cebú, con su dedicación de años, nos hizo parte de un momento que trasciende lo artístico. Sobre el escenario, el maestro Gamarra no solo brilló: conectó. Y abajo, el pueblo pelayero respondió como mejor sabe hacerlo: emocionándose, cantando, reconociéndose en sus propias raíces.
Estos encuentros son espacios donde el territorio se narra a sí mismo, donde la música deja de ser espectáculo y se convierte en lenguaje colectivo. Donde los jóvenes entienden que la tradición no es pasado, sino posibilidad.

Desde Músicos de mi Tierra, entendemos que nuestro rol no es solo documentar. Es interpretar, amplificar y conectar. Agradecemos profundamente al grupo Cebú, a San Pelayo y a todos los artistas que hicieron parte de esta noche por sostener, con cada interpretación, una herencia que no se negocia: la de nuestra identidad cultural.
Ahí es donde ocurre lo verdaderamente importante.
Seguiremos contando estas historias.
Las que nacen de noches mágicas como esta.
Las que no siempre salen en los grandes medios, pero que son las que realmente construyen territorio.
Gracias por mover nuestras almas al ritmo del porro.
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